.- Por Jordi Solé Tuyá, Director Ejecutivo de Kreedit | Síguelo en TikTok à https://www.tiktok.com/@jordisoletuya
El déficit de liquidez es un problema que puede poner en jaque la operatividad de cualquier empresa.
En el ámbito empresarial, la liquidez, que se refiere a la cantidad de efectivo o de activos que se pueden convertir rápidamente para satisfacer el pago de gastos corrientes, se erige como uno de los indicadores más importantes para evaluar la salud financiera de una empresa, especialmente cuando es el caso de una pyme. Este aspecto cobra especial relevancia en el contexto actual, donde las pymes se enfrentan a serias dificultades para acceder a financiación y, simultáneamente, su liquidez va menguando al mismo tiempo que ven incrementarse las exigencias para acceder a nueva financiación.
El déficit de liquidez es un problema que puede poner en jaque la operatividad de cualquier empresa porque no solo impide hacer frente a deudas y obligaciones financieras, sino que también limita la capacidad de la empresa para aprovechar oportunidades de crecimiento y mejora de su competitividad. Las pymes en particular, cuyo margen de reacción se ha visto muy limitado por la caída de los ingresos, que ha superado con creces la de los gastos, deben abordar esta situación con mucha celeridad para evitar que una crisis de falta de líquido se convierta en un punto de inflexión hacia su declive y, en el peor de los escenarios, su desaparición.
En un entorno competitivo, aquellas empresas que logran mantener y gozar de una mayor liquidez tienen una ventaja sustancial a la hora de formalizar acuerdos comerciales. La capacidad de negociar con proveedores y clientes desde una posición de poder financiero permite a estas empresas obtener mejores condiciones y mayores márgenes. O, dicho de otra manera: una mayor parte del pastel será para aquellas que puedan afrontar negociaciones de precio con proveedores y clientes con mayores capacidades económicas. Por ejemplo, ofrecer plazos de pago más cortos a proveedores a cambio de descuentos, o extender plazos de pago a clientes, puede traducirse en una optimización del margen muy por encima del coste de la financiación.
Gestión inteligente de la liquidez
Está claro y es evidente que no existe una receta mágica para mejorar la liquidez, pero está fuera de toda duda que una gestión eficiente y estratégica puede contribuir a marcar la diferencia. Las empresas deben implementar medidas que aseguren niveles óptimos de tesorería a medio y largo plazo. Pedir un crédito es otra manera de acceder a fuentes de liquidez, aunque se debe tener en cuenta el coste y los plazos porque, al fin y al cabo, se trata de contraer una deuda. Endeudarse para incrementar la liquidez puede parecer una estrategia arriesgada, especialmente en tiempos de incertidumbre económica como los actuales, pero cuando se realiza de manera estratégica y con sensatez puede ser la clave para la competitividad y sostenibilidad de la empresa.
Utilizar los recursos para fortalecer las áreas donde está su know-how y donde genera más valor es una buena práctica que justifica el endeudamiento de las compañías. Esta estrategia no solo mantiene la operativa diaria, sino que también permite a la empresa expandirse y hacerse con una mayor cuota de mercado. Así, la liquidez se convierte en un recurso de gran valor que, bien gestionado, puede transformar un desafío en una oportunidad de crecimiento.
En conclusión, en contextos de incertidumbre, la liquidez se presenta como un recurso indispensable. Las empresas deben gestionarla de manera inteligente, aprovechando las oportunidades para mejorar su posición competitiva y justificando el endeudamiento cuando sea necesario para el crecimiento y la creación de valor. Solo así podrán asegurar su sostenibilidad y éxito a largo plazo en un mercado cada vez más exigente y competitivo.
@jordisoletuya ¿Estás de acuerdo en que la liquidez es un factor de competitividad? ¡Te lo cuento en este vídeo! #finanzas#empresa♬ sonido original - Jordi Solé Tuyá





