Las pymes españolas tardan una media de 50,25 días en cobrar las facturas de sus clientes, mientras que abonan a sus proveedores en apenas 29,42 días. Esto genera una brecha de liquidez de 21 días con un impacto directo sobre su tesorería. Así lo revela el Treasury Monitor elaborado por Embat, correspondiente al primer trimestre de 2026, que analiza datos reales de comportamiento financiero de las compañías.
Según el informe, esta diferencia de 21 días entre los plazos de cobro y pago obliga a muchas empresas a financiar, sin saberlo a sus clientes. Asumiendo un coste financiero que, en numerosos casos, no está identificado como tal. La consecuencia más inmediata es el deterioro de la liquidez: durante el primer trimestre del año, las compañías analizadas entraron en descubierto una media de 1,53 veces, acumulando 22,8 días con saldo negativo.
Una brecha estructural
El estudio sitúa este fenómeno en un contexto de persistencia de la morosidad empresarial. Según el Observatorio de Morosidad de CEPYME, el plazo medio de pago entre empresas privadas continúa un 34% por encima del límite legal establecido por la Ley de Morosidad. Además, solo el 15% de las grandes empresas cumplió los plazos legales de pago en 2025, frente al 26% registrado un año antes.
El coste financiero derivado de estos retrasos superó los 5.568 millones de euros, de los cuales cerca de 2.000 millones correspondieron a pymes, según los datos de CEPYME.
"La diferencia de 21 días entre cobrar y pagar no solo implica que una empresa está financiando a sus clientes; implica que lo hace sin tipo de interés, sin garantías y, en muchas ocasiones, sin visibilidad de cuándo exactamente llegará ese dinero", Carlos Serrano, co-CEO de Embat
Un síntoma de la falta de previsión
Los datos recogidos sostienen que los episodios de descubierto no son el origen del problema, sino la consecuencia de una gestión financiera basada en previsiones poco ajustadas al comportamiento real de los clientes.
"El descubierto es el síntoma, no la enfermedad. La enfermedad es no saber en tiempo real cuánto dinero entra, cuándo entra y cuánto sale. Muchas empresas detectan que están en tensión de liquidez cuando ya es demasiado tarde para reaccionar", Carlos Serrano
Además, las empresas españolas registraron un retraso medio de 14,42 días en los pagos a proveedores durante el primer trimestre de 2026, una cifra que las sitúa 1,3 días por encima de la media europea, lo que, según Embat, refleja que el problema responde tanto a factores de gestión como a una cultura de pago todavía mejorable.
La IA como nueva medida antídoto
Ante este escenario, el informe apunta a la automatización y la inteligencia artificial como herramientas para mejorar la planificación financiera. Según otro estudio, elaborado por Embat sobre el uso de IA en tesorería, el 50% de los directivos financieros identifica la reducción del tiempo dedicado a tareas repetitivas como el principal beneficio de estas tecnologías. Permitiendo dedicar más recursos a la anticipación de necesidades de liquidez.
En este sentido, Carlos Serrano sostiene que uno de los principales retos de las empresas radica en que las previsiones de caja siguen basándose en los vencimientos teóricos y no en el comportamiento real de pago de los clientes.
"Con tecnología que analiza el historial de pago de cada contraparte y ajusta automáticamente las previsiones, las empresas pueden anticiparse a las tensiones de liquidez en lugar de detectarlas cuando ya se han producido", Carlos Serrano
La tendencia apunta hacia un nuevo modelo de gestión financiera para las pymes en el que la anticipación y el análisis de datos permitirán reducir la dependencia de la financiación bancaria y mejorar la capacidad de inversión, en un entorno de pagos cada vez más complejo.






