En un mercado saturado de mensajes, la autenticidad se ha convertido en uno de los activos más rentables para las pymes. No es postureo ni marketing emocional: es coherencia, confianza y resultados. Los datos lo confirman y los consumidores también.
Hay palabras que, de tanto usarlas, corren el riesgo de vaciarse. Autenticidad es una de ellas. Se invoca en presentaciones, en campañas y en discursos internos… pero pocas empresas pueden decir, sin rubor, que la practican de verdad. Y sin embargo, nunca había sido tan determinante para los resultados de una pyme.
No lo decimos desde la intuición. Lo demuestra el informe El poder de la autenticidad 2025, elaborado por Omnicom Public Relations Group, que analiza la percepción de más de 2.000 consumidores informados en España y pone cifras a una idea que muchos gerentes ya perciben en su día a día: la autenticidad ya no es un intangible blando, es una palanca de negocio .
Hoy, ser auténtico no significa “ser simpático” ni “contar bien tu historia”. Según el estudio, una empresa auténtica es aquella que entiende el contexto, responde a las expectativas reales de sus grupos de interés y es capaz de construir confianza y valor más allá de lo transaccional. Dicho de otro modo: lo que dices, lo que haces y lo que otros perciben de ti deben encajar. Si no, aparece lo que el informe llama el authenticity gap, la brecha entre promesas y realidad.
Y esa brecha sale cara.
Cuando la coherencia empieza a pesar más que el producto
Durante años, bastaba con tener un buen producto o un precio competitivo. Ya no. El consumidor ha cambiado y, con él, la forma de evaluar a las empresas. Más de la mitad de la percepción de autenticidad de una compañía se construye hoy a partir de su impacto social (35,5%) y de su gestión empresarial (22,6%). La oferta —producto o servicio— sigue siendo relevante, pero su peso baja al 41,9% .
¿Qué está pasando? Que los clientes quieren saber qué hay detrás. Cómo se cuida a las personas. Qué huella deja la empresa en su entorno. Y si eso que se comunica tiene continuidad en el tiempo o es solo una campaña bien ejecutada.
De hecho, tres de cada cuatro consumidores consideran que una empresa es más creíble cuando habla de su comportamiento y su impacto en la sociedad y el medioambiente, no solo de los beneficios que ofrece al cliente. Y el 86% cree que las compañías deberían demostrar primero su impacto antes de comunicar compromisos o promesas .
Para una pyme, esto tiene una lectura clara: no compites solo con producto, compites con coherencia.
El cliente premia… y castiga
La autenticidad influye directamente en la decisión de compra. Más de la mitad de los consumidores reconoce que prioriza los valores y la actitud corporativa de las empresas frente al binomio precio-calidad. Y seis de cada diez eligen marcas reconocidas por ser buenas empleadoras, especialmente entre los consumidores más informados .
Pero el efecto inverso también existe. El estudio alerta de que la desconfianza —por ejemplo, en el uso de datos personales— lleva al 71% de los consumidores a evitar productos o servicios por miedo a un uso interesado de su información. Autenticidad, aquí, significa transparencia y límites claros. No decir “cumplo la ley”, sino demostrar que vas más allá.
El reto de ser auténtico cuando eres pequeño
Hasta aquí, la teoría suena bien. La práctica es más incómoda. Porque ser auténtico exige renuncias. No se puede gustar a todo el mundo. Ni subirse a todas las causas. Ni opinar de todo.
El informe es claro: uno de los mayores riesgos es el oportunismo. Especialmente en ámbitos como sostenibilidad, diversidad o compromiso social. Prometer sin poder cumplir amplía la brecha de autenticidad y erosiona la confianza. Y recuperarla cuesta mucho más que no haberla perdido.
Para una pyme, el desafío no está en hacerlo todo, sino en elegir bien. En actuar desde su esencia de negocio y hacerlo de forma sostenida. Como advierten los expertos del estudio, rebajar expectativas irreales y elevar el compromiso real es la única vía para construir una comunicación honesta y creíble.
Autenticidad aplicada: menos discurso, más decisiones
¿Consejos prácticos? No hay recetas mágicas, pero sí patrones claros. Las empresas percibidas como auténticas suelen compartir algo muy básico: coherencia interna. Cuidan a sus empleados, toman decisiones alineadas con sus valores, comunican con sencillez y asumen que no todo se puede controlar.
La autenticidad no se delega en marketing. Se construye en operaciones, en recursos humanos, en atención al cliente y, sobre todo, en el ejemplo del liderazgo. No es rápida ni espectacular, pero sí acumulativa.
En un entorno de ruido, desinformación y promesas infladas, la autenticidad se convierte en una ventaja competitiva silenciosa. No hace tanto ruido como una campaña viral, pero sostiene el negocio cuando llegan las dudas.
Y quizá ahí esté la lección más rentable para una pyme: en el largo plazo, los resultados suelen acompañar a quienes se atreven a ser coherentes, incluso cuando eso implica ir más despacio. Porque, al final, el mercado siempre acaba distinguiendo entre quien aparenta… y quien es.





