España entra en una nueva era de la innovación: ya no basta con captar fondos, ahora toca ejecutarlos bien. El Radar Zabala Innovation 2026 lanza un aviso directo a las pymes: la ventaja competitiva no está en invertir más, sino en transformar mejor.
Durante años, la conversación sobre innovación en España ha sido casi un mantra: más inversión, más competitividad. Pero, ¿y si ese planteamiento se nos ha quedado corto?
El Radar Zabala Innovation 2026, impulsado por Zabala Innovation junto a Deusto Business School, pone el dedo en la llaga: el problema ya no es cuánto invertimos, sino cómo convertimos esa inversión en resultados reales. Este informe fue presentado en Madrid en un acto que reunió a cerca de 250 representantes del ecosistema de innovación, la empresa y la administración pública. La jornada contó con la participación de Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones; Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria; Teresa Riesgo, secretaria general de Innovación; Daniel Calleja, director general de la Representación de la Comisión Europea en España; Enrique Olarte, gerente de financiación pública en Enagás; y Guillermo Dorronsoro, Management Board Advisor en Zabala Innovation y profesor y director académico en Deusto Business School. La bienvenida la realizaron Ainhoa Zabala y Erik Zabala, Corporate CEO y Business CEO de Zabala Innovation.
España alcanzó en 2024 su máximo histórico en I+D, con 23.981 millones de euros (1,5% del PIB). Un dato que, leído rápido, invita al optimismo. Pero que, mirado con lupa, revela una incomodidad estructural: seguimos lejos del objetivo europeo del 3%.
Y aquí aparece la pregunta que cualquier gerente de pyme debería hacerse sin rodeos: ¿estamos invirtiendo… o simplemente gastando con buena intención?
El síndrome del “hemos captado fondos”
En los últimos años, muchas empresas han celebrado algo que parecía incuestionable: acceder a fondos europeos.
Pero el Radar introduce un matiz incómodo —y necesario—. España está entre los países que más fondos capta en términos absolutos, pero pierde posiciones cuando se mide la eficiencia real (PIB o población). Traducido al lenguaje de empresa: volumen no es sinónimo de impacto.
Como advierte Erik Zabala: “Captar mucho no es lo mismo que captar bien”. Una frase que debería estar colgada en más de un despacho. Porque, seamos honestos, ¿cuántos proyectos financiados han terminado siendo palancas reales de crecimiento… y cuántos se han quedado en informes y justificaciones?
El elefante en la sala: ejecutar sigue siendo lo difícil
Si hay una idea que atraviesa todo el informe es esta: España no falla tanto en financiación como en ejecución.
Y esto, para una pyme, no es un detalle técnico. Es una cuestión de supervivencia.
Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, lo expresó con claridad durante la presentación: “Es importante ser exigente, tanto en la inversión como en la ejecución de los proyectos”. Ejecutar significa priorizar. Decir no. Medir. Escalar. Y, sobre todo, conectar la innovación con la cuenta de resultados.
No suena épico. Pero es exactamente lo que marca la diferencia.
Navarra no es Silicon Valley (y aun así gana)
Uno de los aprendizajes más interesantes del Radar desmonta un mito bastante cómodo: que innovar bien depende del tamaño.
Navarra (2,34% del PIB en I+D) y País Vasco (2,30%) lideran la intensidad innovadora en España, por delante de gigantes como Madrid o Cataluña.
¿Magia? Ninguna. Lo que hay es método:
- Estrategias sostenidas en el tiempo
- Especialización sectorial clara
- Colaboración público-privada que funciona de verdad
Es decir, foco. Y esto conecta con una idea que repiten muchos expertos en gestión: la estrategia no es hacer más cosas, es elegir mejor cuáles hacer.
Europa: avanzamos… pero no lideramos
El contexto tampoco invita a la autocomplacencia. Según el European Innovation Scoreboard, Europa mejora en innovación, pero a menor ritmo que Estados Unidos o Asia. Especialmente preocupante es el crecimiento de la inversión empresarial en I+D: apenas un 2,9% en 2024.
¿La consecuencia? Riesgo de quedarse atrás en sectores clave como inteligencia artificial, energía o salud.
En palabras de Daniel Calleja, director general de la Representación de la Comisión Europea en España: “Cerrar la brecha que separa a Europa de otros actores globales en innovación es clave para reforzar nuestra competitividad”. Dicho de otro modo: esto no va solo de competir mejor… va de no quedarse fuera.
De proyectos a sistemas: el cambio silencioso
Aquí está, probablemente, el cambio más profundo que detecta el Radar. La innovación deja de ser una colección de proyectos para convertirse en un sistema que combina:
- Digitalización
- Sostenibilidad
- Inteligencia artificial
- Y, sobre todo, visión de negocio
Las empresas que están marcando la diferencia ya no innovan por oportunidad (una ayuda, una moda), sino por diseño estratégico. Y esto tiene una implicación directa para las pymes: innovar deja de ser un “extra” y pasa a ser parte del core del negocio.
Y todo ello con el impulso de la colaboración público-privada. Como señaló Jordi García Brustenga: “Estamos logrando que los fondos públicos se traduzcan en proyectos reales”. Pero eso exige madurez empresarial: alinear objetivos y pensar en el largo plazo.
No es fácil. Pero tampoco lo es competir en 2026.
La próxima ventaja competitiva no será de quien más acceda a fondos. Será de quien mejor los ejecute. Y ahí, más que nunca, la diferencia no la marca el tamaño de la empresa. La marca la calidad de las decisiones.






