De la arriería al liderazgo global en movilidad. La historia de ALSA es también la de José Cosmen Adelaida, un empresario con visión, ética de reinversión y sentido social que transformó un negocio local en un referente internacional. Un caso de éxito con lecciones muy actuales para cualquier pyme.
Hay trayectorias empresariales que no nacen en un garaje ni en una incubadora tecnológica, sino en los caminos. Literalmente. La historia de ALSA arranca mucho antes de que existiera la palabra “movilidad”, cuando transportar personas y mercancías era un oficio heredado, duro y profundamente ligado al territorio. De esa cultura viene José Cosmen Adelaida, heredero de una saga de arrieros del puerto de Leitariegos que supo leer, antes que nadie, que el futuro pasaba por reinventar lo de siempre.
En los años veinte del siglo pasado, Cosmen introdujo el autobús en Asturias con una idea tan sencilla como disruptiva para su tiempo: profesionalizar un servicio esencial y reinvertir de forma constante para hacerlo crecer. No había capital riesgo, ni créditos fáciles, ni atajos. Solo visión, disciplina y una ética empresarial basada en el largo plazo. Consolidar una empresa familiar en plena Guerra Civil y sobrevivir a la autarquía franquista no fue un mérito menor; fue un ejercicio de resistencia empresarial del que hoy se habla poco.
Con el desarrollismo, llegó el siguiente salto. ALSA dejó de ser una compañía regional para convertirse en un actor nacional y, más tarde, europeo. La profesionalización de la gestión, la expansión territorial y una extraordinaria capacidad de negociación marcaron una etapa clave. Tal y como explica Joaquín Ocampo en una entrevista concedida a La Nueva España, José Cosmen Adelaida “tenía un olfato empresarial innato y una extraordinaria capacidad para tratar a la gente”, una combinación poco común que resultó decisiva para transformar una empresa regional en un líder nacional e internacional del transporte de viajeros.
Competir cuando las reglas no acompañan
Uno de los momentos más reveladores de su liderazgo llegó en los años sesenta, cuando la legislación española favorecía claramente al ferrocarril. Abrir nuevas líneas de autobús implicaba pagar cánones a Renfe, que además practicaba una competencia claramente desventajosa. Lejos de resignarse, Cosmen propuso algo inaudito: compartir ingresos. Ofreció a Renfe el 50% de la facturación de las rutas coincidentes. Renfe aceptó. Y ALSA multiplicó su red en toda España.
Aquella decisión no fue solo audaz; fue profundamente estratégica. Demuestra una lección que muchas pymes olvidan: cuando no puedes cambiar las reglas, entiende mejor que nadie cómo jugar la partida.
La entrada de España en la Unión Europea abrió otro escenario. Privatizaciones, liberalización y nuevas oportunidades. En 1999, ALSA adquirió Enatcar, la empresa pública de transporte de viajeros, y se convirtió en líder nacional del largo recorrido. Más tarde llegarían operaciones como Turytrans o Continental Auto. Cada paso ampliaba el perímetro del negocio, pero también su complejidad.
De autobuses a gestor integral de movilidad
Bajo la dirección de Cosmen Adelaida, ALSA dejó de definirse por un solo medio de transporte. Autobuses, trenes, VTC, transporte urbano, sanitario, turístico, intermodal y de última milla. Incluso la expansión internacional: China, Marruecos, Suiza o el sudeste asiático. No se trataba de crecer por crecer, sino de anticipar hacia dónde se movía la sociedad.
Hoy, la compañía cuenta con unos 20.000 empleados, opera en seis países y sigue ampliando su huella. La venta a National Express en 2007 —hoy Mobico— fue otro movimiento poco habitual: “No vendemos, nos integramos”, dijo entonces Cosmen. Mantener a la familia como accionista y preservar el espíritu empresarial fue una condición irrenunciable. Empresa grande, sí; alma de empresa familiar, también.
El futuro: raíles, competencia y convicción
ALSA mira ahora con ambición al ferrocarril. No es un camino fácil. El sector en España está dominado por operadores con respaldo estatal. Pero la convicción está ahí. Según explica Joaquín Ocampo, el reto no es menor, pero la compañía tiene claro que el ferrocarril forma parte de su hoja de ruta a medio y largo plazo. De nuevo, el patrón se repite: visión estratégica, paciencia y capacidad para competir en escenarios complejos.
La publicación de la biografía José Cosmen Adelaida. Alsa, galardonada con el XXI Premio LID de Biografía Empresarial, rescata del olvido a un pionero que entendió la rentabilidad más allá del beneficio económico. Cosmen hablaba de rentabilidad social mucho antes de que existiera el ESG. Sabía que una empresa que conecta territorios también conecta oportunidades.





