España tiene la edad media de maternidad más alta de su historia reciente. Detrás de ese dato demográfico ha crecido un ecosistema de clínicas, tecnología y servicios que acompaña a quienes buscan ser padres cuando el reloj biológico ya no espera.
Querer ser madre a los 38 años no es una excepción ni una rareza. Es, cada vez más, la norma española. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2024, la edad media a la maternidad en España se sitúa en 32,6 años para el conjunto de las madres, y en 33,2 años en el caso de las mujeres de nacionalidad española. En la última década, el porcentaje de nacimientos de madres de 40 años o más ha crecido un 7,3%, y hoy representa el 10,4% del total de partos registrados en el país.
Detrás de ese retraso hay razones que cualquiera reconoce: la inestabilidad laboral y económica como primer factor, según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas de septiembre de 2024, en la que el 77,3% de los encuestados identificó la falta de recursos económicos como la principal barrera para tener hijos. Le siguen la dificultad de conciliar vida laboral y familiar, citada por el 44,1%, y el temor a que la maternidad afecte negativamente a la carrera profesional, mencionado por el 26,4%.
Lo que no siempre se ve con igual claridad es que ese retraso ha creado una demanda sanitaria estructural, sostenida y creciente. Y con ella, un ecosistema empresarial que lleva años expandiéndose.
Un sector que crece al 5% anual
Según datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), aproximadamente el 10% de los bebés nacidos en España en 2025 llegaron gracias a técnicas de reproducción asistida. Para lograrlo, se registraron 168.372 ciclos de fecundación in vitro y más de 30.000 inseminaciones artificiales. La Dra. Victoria Rey Caballero, especialista en Ginecología y Reproducción Asistida y miembro de Top Doctors Group, estima que cada año crece el número de primeros tratamientos de reproducción asistida alrededor de un 5%.
"El retraso de la maternidad es sin duda uno de los puntos que está provocando este auge de las técnicas de reproducción asistida. A partir de los 30 años de la mujer, la probabilidad de tener dificultad para concebir empieza a crecer, lo que hace que necesiten cada vez más ayuda", explica la especialista. En su consulta, los tres perfiles que más consultan hoy son parejas heterosexuales mayores de 38 años, mujeres de alrededor de los 35 que buscan ser madres solteras o congelar sus óvulos, y parejas de mujeres que desean utilizar el método ROPA.
Esa diversidad de perfiles no es anecdótica. Refleja una transformación social más amplia: el deseo de maternidad ya no sigue un único guión, y las clínicas de fertilidad han tenido que adaptarse a esa pluralidad. Los datos de Top Doctors Group señalan además una marcada estacionalidad: septiembre, octubre y noviembre son los meses con mayor solicitud de citas en fertilidad, lo que sugiere que muchas personas llegan a consulta tras el verano, en un momento de reflexión y toma de decisiones sobre el proyecto vital.
Lo que ocurre en el cuerpo, y lo que ocurre en la cabeza
La causalidad de la infertilidad es más compleja de lo que suelen mostrar las cifras. La Dra. Cristina Trilla Solà, responsable del área de Medicina Reproductiva en la Clínica BeDona y miembro de Top Doctors Group, apunta que se estima que alrededor del 30% de los casos son de origen femenino, otro 30% masculino, un 30% mixto y un 10% de origen desconocido. Pero advierte que la realidad clínica es más matizada: en la mayoría de los casos conviven factores metabólicos, estrés oxidativo, reserva ovárica y estilo de vida.
Lo que los datos no recogen es el peso emocional que acompaña a ese recorrido. "Es bastante frecuente que la mujer y la pareja sufran algún desequilibrio emocional en mayor o menor medida. El tiempo y la falta de conocimiento de lo que les pasa es lo que más hace sufrir a los pacientes", señala la Dra. Rey Caballero. Esta dimensión ha generado, a su vez, una rama especializada de apoyo psicológico dentro de las propias clínicas de fertilidad: las unidades de apoyo emocional se han convertido en un componente estándar de los centros más avanzados, no como complemento, sino como parte del protocolo clínico.
La IA entra en el laboratorio
El sector de la fertilidad es también uno de los espacios donde la inteligencia artificial está teniendo un impacto más concreto y medible. La Dra. Rey Caballero describe un ecosistema tecnológico que ya no es experimental: "La IA está ayudando a hacer más fáciles y seguros procesos como la recogida de datos clínicos, el control de valores analíticos, la revisión de pruebas diagnósticas, los métodos de vigilancia de los laboratorios o la selección embrionaria."
Los incubadores de cultivo continuo con tecnología time lapse —que permiten monitorizar el desarrollo embrionario sin interrupciones— han mejorado de forma significativa las tasas de embarazo en los últimos diez años. La selección embrionaria asistida por algoritmos añade una capa de precisión que hace una década era impensable a este nivel de accesibilidad clínica.
La Dra. Trilla Solà introduce, sin embargo, un matiz importante: "La automatización de ciertos procesos minimizará el riesgo de errores técnicos humanos, pero no debería sustituir al criterio y la experiencia de los embriólogos y médicos. Personalizar en fertilidad es importante: conocer al paciente e integrar sus antecedentes con su recorrido reproductivo es esencial para conseguir mejores resultados."
Un sector que nació para responder a una necesidad biológica se ha convertido en uno de los espacios de mayor innovación tecnológica, mayor complejidad emocional y mayor crecimiento sostenido del sistema sanitario privado español. Y todo ello impulsado, en buena medida, por una sola tendencia demográfica: la decisión, consciente o forzada, de ser madre más tarde. Una decisión que millones de mujeres toman cada año sin saber que detrás hay un ecosistema entero esperándolas.






