Las olas de calor se adelantan, se intensifican y aumentan los accidentes laborales. La prevención del estrés térmico ha dejado de ser una obligación de julio para convertirse en una prioridad de gestión durante meses.
El último día de mayo, los termómetros de Andújar y Montoro marcaron 40,6 ºC. En Sevilla superaron los 40,5 ºC. AEMET había advertido que esa semana sería "extraordinariamente cálida para la época", con temperaturas propias de pleno verano. Al otro lado de los Pirineos, Météo-France calificaba el episodio como un calor "inédito" para un mes de mayo, asociado a un domo de calor sobre el oeste de Europa con temperaturas hasta 15 ºC por encima de lo habitual. No fue una anomalía pasajera. Fue una señal.
Para las empresas con trabajadores en exteriores, en naves industriales, en cocinas, en almacenes o en cualquier entorno donde la temperatura importa, la pregunta ya no es cuándo llegará el calor. La pregunta es si el protocolo de prevención está listo antes de que llegue. Y la respuesta, en demasiados casos, es que no.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) ha documentado que los accidentes laborales aumentan un 17,4% durante las olas de calor. No solo por golpes de calor o insolación —los efectos más conocidos—, sino por algo más silencioso y más difícil de ver: la reducción de la destreza manual, el deterioro de la concentración, la pérdida de memoria a corto plazo, los fallos de coordinación motriz. Un trabajador que en condiciones normales maneja maquinaria o conduce sin incidentes puede convertirse en un riesgo para sí mismo y para los demás cuando lleva horas expuesto al calor sin la hidratación adecuada. Según el mismo organismo, más de 5,5 millones de personas trabajadoras en España —el 26% de la población activa— afirman haber estado expuestas a calor extremo en su puesto de trabajo.
. Según datos analizados por el equipo de Sweanty y la literatura de campo sobre estrés térmico laboral, en contextos de esfuerzo físico y temperaturas elevadas una persona trabajadora puede perder hasta 1-2 litros de sudor por hora. Estudios internacionales con trabajadores expuestos al calor han utilizado pautas de 750 ml de agua por hora y estiman que un trabajador puede secretar alrededor de 6 litros de sudor en una jornada de 8 horas en condiciones de calor, con pérdidas relevantes de sales. Esa pérdida no es solo agua: el sudor también contiene electrolitos como sodio, potasio o cloro, fundamentales para el equilibrio hídrico, la función muscular y el correcto funcionamiento del organismo.
Lo que el cuerpo pierde y nadie mide
Uno de los mecanismos menos visibles del estrés térmico es la pérdida de líquidos y electrolitos. En contextos de esfuerzo físico y altas temperaturas, una persona trabajadora puede perder entre uno y dos litros de sudor por hora, y hasta seis litros en una jornada de ocho horas en condiciones de calor intenso. Esa pérdida no es solo agua: el sudor contiene sodio, potasio y cloro, electrolitos esenciales para el equilibrio hídrico, la función muscular y el funcionamiento cognitivo. Cuando esa pérdida no se repone adecuadamente, aparecen la fatiga, los calambres, los mareos, la falta de concentración —y con ellos, el riesgo de accidente.
Sweanty, startup tecnológica nacida como spin-off del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), trabaja precisamente en esa brecha. Joan Molins, su Head of Growth, lo formula sin eufemismos: "Seguimos gestionando el calor como si fuera un riesgo estacional, cuando ya se está convirtiendo en un riesgo estructural. La ola de calor de mayo es una señal muy clara: las empresas no pueden esperar a julio o agosto para activar una prevención eficaz."
La compañía ha desarrollado el SweaTracker, un parche de análisis del sudor que permite medir de forma no invasiva la respuesta fisiológica individual al calor. El dato que aportan sus análisis resulta contraintuitivo para quien gestiona equipos: dos trabajadores expuestos al mismo turno, la misma temperatura y el mismo equipo de protección pueden tener necesidades de hidratación completamente distintas. Sin medir esa diferencia, cualquier protocolo de prevención es, por definición, genérico.
Qué puede hacer una empresa hoy
La tecnología de análisis del sudor es una solución emergente que Sweanty ya está implementando en más de veinte empresas. Pero la mayoría de las pymes no necesita esperar a esa capa de personalización para mejorar significativamente su gestión del calor. Las medidas básicas —y obligatorias— ya están definidas por el INSST y tienen un coste de implementación bajo: adaptación de horarios en los días de alerta por calor extremo, pausas regulares en zonas con sombra o climatización, acceso permanente a agua y suministro de bebidas con electrolitos en trabajos de alta demanda física, revisión de los equipos de protección individual para asegurarse de que no incrementan innecesariamente la carga térmica, y formación básica al equipo para que reconozca los síntomas de deshidratación y sepa cómo actuar.
Lo que con frecuencia falta no es el conocimiento de las medidas, sino el momento de activarlas. La lógica de esperar a que "llegue el calor de verdad" es cada vez menos útil cuando ese calor de verdad puede aparecer en mayo. Un plan de prevención térmica que solo se activa en julio deja sin cobertura semanas enteras de exposición real.
El absentismo por incapacidad temporal en España ha crecido un 62% respecto a la media de la prepandemia, según el informe Crecimiento Empresarial de CEPYME publicado en enero de 2025. En una empresa de cuatro o cinco personas, una sola baja trastoca la operativa entera. Prevenir un accidente relacionado con el calor no es solo una obligación legal: es una decisión económica. El coste de un parche de hidratación, una hora de sombra o un cambio de turno es siempre menor que el coste de una incapacidad temporal, y desde luego incomparable con el de un accidente grave.
¿Tiene el equipo agua suficiente en el puesto de trabajo? ¿Hay un plan para el próximo aviso de calor extremo? ¿Saben los responsables de turno cómo identificar los primeros síntomas de un golpe de calor? Son preguntas sencillas. Las respuestas, esta temporada, importan más que nunca.






